⁠Inductores de colágeno: ¿por qué no todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento?

Las redes sociales han cambiado también la forma de llegar a una consulta de medicina estética. Frente a la descripción de una preocupación concreta, cada vez resulta más habitual solicitar directamente una técnica o un producto conocido a través de contenidos digitales. Los inductores de colágeno forman parte de esta tendencia.

Para el Dr. Máximo Evia, médico estético con consulta en Madrid, el punto de partida debe ser, sin embargo, el diagnóstico del rostro y no la popularidad de un determinado procedimiento.

No toda flacidez facial responde al mismo problema

Bajo la denominación de inductores de colágeno se agrupan materiales diferentes que buscan estimular la producción de colágeno del propio organismo. Entre ellos se encuentran el ácido poli-L-láctico (PLLA) y la policaprolactona (PCL), con características distintas y, por tanto, con indicaciones que deben valorarse individualmente.

La evidencia disponible ayuda a entender tanto el interés que despiertan como la necesidad de utilizarlos con criterio. Una revisión sistemática publicada en 2024 analizó la eficacia y seguridad del PLLA en estética facial y encontró mejoras en parámetros relacionados con arrugas, volumen y satisfacción de los pacientes, aunque también señaló limitaciones en la evidencia disponible y la necesidad de seguir investigando sus resultados a largo plazo.

El debate médico alrededor de estos procedimientos explica que existan posiciones más favorables a su utilización y otras más prudentes. No se trata necesariamente de enfoques incompatibles: son herramientas médicas que cuentan con indicaciones, limitaciones y posibles complicaciones.

Además, atribuir cualquier signo de flacidez exclusivamente a una pérdida de colágeno simplifica un proceso mucho más complejo. El envejecimiento facial implica cambios en la piel, pero también en la grasa facial, el hueso y la posición de los tejidos.

El diagnóstico por encima de las tendencias

Esta visión determina la elección del tratamiento. En determinados rostros puede resultar adecuado estimular la producción de colágeno, mientras que otros pueden requerir ácido hialurónico, tecnologías específicas, una combinación de procedimientos o incluso una valoración quirúrgica.

"No trato productos, trato rostros", resume el criterio que el Dr. Máximo Evia aplica a este tipo de consultas. La frase desplaza el foco desde el nombre del procedimiento hacia la anatomía, las características del envejecimiento y las necesidades particulares de cada caso.

La creciente popularidad de los inductores de colágeno amplía las posibilidades de la medicina estética, pero también refuerza la importancia de diferenciar entre tendencia e indicación. El objetivo no consiste en determinar si estos tratamientos son buenos o malos de forma general, sino en establecer cuándo tienen sentido dentro de una estrategia médica individualizada.

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