Por qué para mí el diagnóstico importa más que el tratamiento en la flacidez facial

Por el Dr. Máximo Evia

Cada semana llegan a mi consulta pacientes que me dicen lo mismo: "Doctor, quiero ese tratamiento para la flacidez que he visto en redes". Y casi siempre mi respuesta es la misma: antes de hablar de tratamientos, déjame mirarte bien.

El envejecimiento de la piel es un proceso natural, pero no afecta igual a todo el mundo. Con los años perdemos firmeza, producimos menos colágeno y la estructura de los tejidos va cambiando. El resultado es que la flacidez facial aparece con distinta intensidad y en zonas diferentes del rostro en cada persona.

Por eso lo digo siempre: no existe un tratamiento universal para la flacidez. Y quien te lo venda así, te está simplificando algo que no es simple.

La flacidez no tiene una sola causa

Cuando exploro a un paciente, lo que busco es entender de dónde viene su flacidez. Puede deberse a la pérdida de colágeno, al descenso de los tejidos, a un cambio en la calidad de la piel o, lo más habitual, a una combinación de varios de estos factores.

Si no identifico cuál es el origen, cualquier tratamiento que haga será un disparo a ciegas. Por eso, en mi forma de trabajar, el diagnóstico es siempre el punto de partida.

Dos caras parecidas pueden necesitar tratamientos completamente distintos

Solemos asociar la flacidez solo con la edad, pero en realidad influyen muchas más cosas: la genética, los cambios de peso, la exposición al sol o nuestros hábitos de vida. Todo eso hace que dos pacientes que a simple vista se parecen puedan necesitar abordajes totalmente diferentes.

Uno de los errores más frecuentes que veo es pensar que a todos los pacientes les sirve lo mismo. No es así. Cuando hago una valoración médica, lo que consigo es saber exactamente qué estructuras están afectadas en tu caso y diseñar una estrategia pensada para ti.

Qué miro cuando te valoro

Mi exploración no se queda en la superficie de la piel. Analizo también el volumen facial, la calidad de los tejidos y el grado de descolgamiento. Con toda esa información puedo decirte con honestidad qué procedimiento tiene sentido para ti y, igual de importante, cuáles no te aportarían un beneficio real.

Porque para mí un buen resultado no empieza en la camilla del tratamiento. Empieza en la consulta, escuchándote y entendiendo tu rostro.

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